¿Qué habrá al sur de la frontera o al oeste del sol?

2 de marzo de 2014

Me regalaron el libro de cumpleaños, en una mesa de Carlos E. un domingo de mucho viento y frío.

Me lo empecé a leer el martes y acabé el jueves, algo así. Es una de esas novelas que se lee sola. No es que uno no pueda dejar de leer, porque sí, sino que es suave, continua, llevadera, amena.

Es la historia de Hajime y sus amores y sus enredos sentimentales. Me sorprende que la haya disfrutado tanto, porque no es particularmente el tipo que me gusta. Es un libro muy pausado, las frases no son largas, es muy rápido y yo suelo apreciar más todo lo contrario. Pero ya ven.

No quería terminarlo. En el libro hay muchas referencias a canciones de Jazz, que terminé escuchando. Puse una lista de reproducción de Ellington y me acosté a leer una de las partes más intensas del libro, por el final, cuando Hajime se reencuentra con Shimamoto.

Quedé vacía cuando lo cerré pero no fui capaz de llorar. Me puse a empacar para la universidad con Star-crossed lovers de fondo y ese amor que se fue al mar en la cabeza. La verdad es que yo creo que me gustó tanto sólo porque lo sentí muy cercano y me vi en un personaje. Yo sé que es pretencioso pero al fin y al cabo eso es un libro, ¿no?

Me sorprendió mucho que una cultura tan diferente tuviera una forma de llevar la vida tan parecida a esta que tenemos por acá, no sé. Los mismos dramas y las mismas pérdidas en todas partes, siempre. No cambia nada.

“Aún hoy recuerdo el tacto de su mano aquel día. Es un tacto diferente a cualquier otro que haya experimentado después. Era simplemente la mano pequeña y cálida de una niña de doce años. Pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que yo quería saber, todas las cosas que tenía que saber. Y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó. Me enseñó que en el mundo real existía un lugar como aquél.”

“Ya no estaba solo, pero, al mismo tiempo, me sentía más solo que nunca. Me resultaba imposible calibrar bien la distancia, igual que cuando te pones gafas por primera vez. Podía tocar cosas que estaban lejos y no distinguía con claridad las que estaban cerca.”

“-Tú no lo entiendes, no sabes lo vacío que te sientes cuando eres incapaz de crear nada.
-Yo no creo que lo seas. Tengo la impresión de que puedes crear muchas cosas.
-¿Qué tipo de cosas?
-Cosas que no tienen forma -dije. Y me miré las manos, apoyadas en las rodillas.
Shimamoto me dedicó una larga mirada mientras sostenía inmóvil su copa.
-¿Te refieres a sentimientos?
-Claro -dije-. Todo desaparece un día u otro. Este local, sin ir más lejos, no sé cuánto tiempo durará. A poco que cambien los gustos de la gente, a la mínima fluctuación económica, todo se iría al garete. Lo he visto muchas veces. Es algo muy simple. Todo lo que tiene forma desaparece antes o después. Sin embargo, hay un tipo de sentimientos que desaparecen para siempre.
-Pero ¿sabes, Hajime?, hay sentimientos que son amargos porque perduran, ¿no te parece?”

“…Y, de repente, me vino a la cabeza la imagen de Shimamoto, blanca, rígida, dentro del coche de alquiler, en el aparcameinto de la bolera. Aún recordaba vívidamente lo que había visto aquel día en el fondo de sus pupilas. Un espacio de hielo y tinieblas que parecía un glaciar en las entrañas de la tierra. Un silencio profundo que absorbía todos los ecos sin dejar que afloraran jamás a la superficie. Aparte de ese silencio, no había nada más. Era la primera vez que me enfrentaba la imagen de la muerte. Jamás había perdido a un ser cercano. No había visto morir a nadie. Por eso, hasta entonces, no había podido hacerme una imagen concreta de la muerte. Pero, aquel día, la muerte estuvo frente a mí. Extendiéndose a pocos centímetros de mi rostro. Esto es la muerte, pensé. Y algo me dijo que, un día, también me tocaría a mí. Porque tarde o temprano todos acabamos cayendo eternamente, en soledad, a través de ese silencio sin resonancia, a través de las tinieblas. Y ante ese mundo experimenté un pánico tan desmesurado que se me hizo difícil respirar. Pensé que aquella sima oscura no tenía fondo.”

Y ya. Debo decir que al principio leía Jaime y no Hajime.

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