¡qué viva la democracia!

3 de marzo de 2014

Luisa llevaba parada esperando el bus más de quince minutos, con un libro de anatomía de tres kilos en la mano y un morral bien pesado. Mira el reloj de la barbie que le regaló su hermanita de cinco años de cumpleaños, apenas el tiempo justo para llegar al parcial. Ahora llega este hijueputa bus bien lleno y no me para, pensó. Y efectivamente, el bus iba muy lleno pero sí le paró. Entró y se acomodó atrás, para bajarse más rápido. Se cogió de la silla en la que iba sentada una señora con un hombre al lado, tal vez el hijo. Estaban hablando de las votaciones del domingo, había que escoger presidente. Ella decía que quería votar en blanco para que supieran, los de allá arriba, que aquí abajo estamos cansados, Y es que si vale mucha plata no me importa, ¿cuánto se roban ellos?, Que nos hagan otras elecciones, no me importa, igual nadie me representa. Luisa sonrió y la miró, pensaba igual. Qué voy a votar yo por el que sigue con las políticas del presidente, si tienen la salud vuelta mierda, y qué voy a votar yo por el del partido alternativo si igual no va a ganar, y peor el conservador que no sabe que se nos mueren las mujeres por abortar, y el liberal creo que ni tiene candidato.
Luego el hombre, después de que la señora hablara un buen rato, habló. No es cuestión de plata, mami, por dios, uno tiene que escoger, esa es la no-democracia en la que vivimos, es que si uno puede votar en blanco es solo pa que creamos que tenemos garantías, pero si gana el voto en blanco ¿qué?, todos los candidatos tienen que cambiarse y ahora si los que medio tienen idea de qué es este país en verdad, o sea los partidos alternativos, no tienen chance en unas elecciones normales, ahora en unas que se tengan que repetir, no mami, dejame hablar, es que es cuestión de lógica, porque te creés muy revolucionaria pero al fin y al cabo… Luisa no terminó de oír porque le sonó el celular, un número desconocido. Aló, Hola Lu, ¿Con quién?, Tan boba, pues conmigo, ¿Quién?, Pues Andrea, pendeja!, Quibo boba, ¿cambió de número? no la tengo guardada, No, este es el de Sebastián, Aa, ¿bien o qué?, Bien, oiga Lu, vamos a hacer una fiesta el sábado, los tíos de Sebas le prestaron la finca, nos subimos por la tarde y nos bajamos el domingo tipo cinco, ¿qué dice?, De una, ¿cuándo mercamos?, No sé, ¿cuándo puede?, Almuerce el sábado en mi casa y después vamos, De una, la llamo, Hágale pues, chao, Chao. Cuando colgó le faltaban unas cuadras para llegar y el hijo de la señora todavía la estaba regañando, Porque nunca se sabe, además ni sabes cuáles son los candidatos, es pura irresponsabilidad política.

Se bajó del bus pensando en el presidente mientras caminaba al semáforo para cruzar la avenida. Era una avenida muy grande, de muchos carriles y muy transitada, se necesitaban tres cambios de semáforo para cruzarla completa. Miraba el muñequito rojo del semáforo mientras decidía que hacer, Este maldito libro si pesa, qué horror, por qué no lo dividen en tomos, no entiendo. Se cambió el libro de brazo mientras el semáforo se llenaba de gente, Uno como se siente de insignificante con tanta gente alrededor, tanta gente en este mundo y uno tan solo, qué pereza, qué bueno que nos vamos pa esa finca, ya no tengo que votar, al fin y al cabo nada va a cambiar. El semáforo pasó a verde y Luisa caminó con otras cien personas, hasta el siguiente muñequito rojo.

José se sentó en la oficina faltando un cuarto para las ocho a revisar el correo. Un estudiante, su mamá, el jefe, la registraduría. ¿La registraduría? Maldita sea, qué pasó. El correo decía, entre otras especificaciones de forma, que tenía que servirle a la patria siendo juez de votación. Patria, ¡cuál patria! aquí no hay es nada, ni democracia, ni instituciones, ¡nada!, maldita vida, si no hay nada qué hacer. Cerró el correo y se fue al salón a esperar a que llegaran los estudiantes, clase de ocho un lunes. Le echó azúcar al tinto y mientras lo revolvía pensaba en el presidente. Qué calor que está haciendo, y estos pelaos que llegan siempre tarde, qué cosa tan horrible, yo ya ni sé por quién votar, si igual se van a robar los votos para qué perder mi tiempo, mejor me compro unos mangos para comer mientras los otros hacen patria, es que hay que verles la cara, todos orgullosos de la democracia más sólida de América Latina, patriotas sin patria que creen que vamos todos para alguna parte, ¡pendejos!, es que por qué tengo que ser yo, que le sirvan a la patria otros, jueputa vida, o mejor: que otros sirvan la patria en bandeja de plata a las mismas tres familias de siempre.

Salió de clase a dar unas asesorías, luego se encontró con Sandra para almorzar y a las dos fue a la biblioteca a devolver unos libros, todavía pensando en el presidente. No voy a votar por nadie, un voto más o un voto menos qué valen, además suficiente tengo con ser jurado, suficiente democracia por el resto de mi vida. José salió de la universidad y paró a comprar mango de mil, biche con cáscara y pimienta, por favor.

María caminó hasta el final de la plataforma para salir más rápido de la estación en la que se iba a bajar. Esperó el Metro cinco minutos y se pegó de un tubo que había entre los vagones. Y la vio. ¡Sofía!, María, por dios, no nos vemos hace cuántos años, Como cinco, ¿no?, Juepucha, ¿pa dónde vas?, No pues para la casa, a almorzar, Bajémonos en el centro y yo invito, pa que nos desatrasemos, Ay será, Dale, no seás aguafiestas, No he cambiado, pero bueno, me invitás a coctel, De una.
Se sentaron a almorzar en el restaurante del hotel de toda la vida del centro y pidieron dos mojitos. María y Sofía eran lesbianas, tenían 58 años las dos y fueron el primer amor de la otra. Se conocían del colegio, cuando tenían 13 se dieron el primer beso y fueron novias hasta los veinticinco, cuando todo fue desapareciendo con calma. Fue un amor de esos lindos, calmado, que se desgastó a fuerza de bregar amar algo que no se puede amar. Cuando tenían diecisiete sentaron a los cuatro papás en este mismo restaurante, un viernes por la noche, a decirles que eran novias, se acostaban juntas y se daban besos en los baños del colegio. Lo que vino después no interesa mucho; se amaron, simplemente, porque no las dejaban. Y cuando se dieron cuenta de eso se separaron con calma, encontrándose todos los miércoles a tomar el algo. Cuando entraron a la universidad militaron en cualquier partido de izquierda, que ahora hacía parte del oficialismo, e hicieron una promesa: no votar por un partido diferente al que las dejaba quererse. Y hasta ahora lo han cumplido. Sofi, entonces ¿por quién vas a votar?, Ay eme, yo no sé, la promesa la he cumplido siempre, pero ¿viste lo que el candidato del partido dijo de los homosexuales?, Qué horror, cómo han cambiado las cosas, A mí eso ya no me mueve tanto, yo soy una lesbiana feliz, pero siempre pienso en las niñas pequeñas, y esa peleadera de uno con el mundo y me dan como ganas de llorar, no sé, ¿Que hacemos, Sofi?, No sé, eme, no votemos, vamos a cine en Santa Elena, ¿te acordás como era de bacano?, ¿Todavía existirá?, Pues demás, igual nos vamos las cuatro, ¿no?, decile a Meli y yo le digo a Patricia, qué rico.

Después de otro mojito volvieron a la estación y se despidieron en el Metro. Con los celulares actualizados, María quedó en llamar a Sofía para cuadrar la hora; el plan del domingo era ir a Santa Elena porque o se vota por el partido o no se vota.

Eran las dos de la tarde y nadie había ido a votar. Los jurados, por miedo o por patriotismo, no se atrevieron a jugar a la democracia y mientras comían mango miraban las puertas desoladas sin saber ni qué pensar, esperando por lo menos que el candidato viniera a votar por él mismo. No había nadie en las calles, ni en los parques, patria sin democracia, voto sin votante, urnas sin basura.

A las cuatro de la tarde los camarógrafos miraban al cielo, guarden las cámaras que va a llover, acá ya no vino nadie, nos quedamos sin presidente. A las seis de la tarde se cerraron las urnas, no hubo elecciones para comprar, patria sin patriota, voto sin botante, urna sin basura, nadie votó, ¡qué viva la democracia!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: