Olé olé

11 de septiembre de 2015

Esa semana estaban arreglando mi casa, y como no había manera de cocinar algo mi mamá me invitó a almorzar.

En el instagram de Olé olé había visto que tienen un menú del día a 15.000, y me pareció barato y a mi mamá también entonces fuimos. El sitio queda en vía primavera, al lado de pergamino por unas escaleras en una terraza divina, desde donde se ven los árboles del barrio y todas esas casas divinas. Además hizo un día espectacular.

No hubo donde parquear entonces dejamos el carro arriba en provenza, al lado de Humo y bajamos caminando. Subimos las escaleras que uno cree que no son prometedoras y llegamos a un lugar divino de 10×10 tal vez, no tengo idea de medidas. Nos sentamos en el bordito de la terraza mirando a la calle y nos atendió una mesera entre querida y fastidiosa.

La carta es fea, como hecha en word y los precios son caros, de 30.000 para arriba un plato. Yo no entiendo bien qué son las tapas españolas, y pensé que le mesera me iba a explicar pero me recomendó una de solomito y me dejé llevar porque la sentí como fastidiada en ese momento. Pedimos entonces ese plato y uno del menú del día para compartir.

Para beber había limonada mojito, que pedí y yo y una limonada normal para mi mamá. Eso sí fue es-pec-ta-cular, qué dicha esa limonada de mojito, me fascinó. Llegó primero la ensalada del menú del día, con mucha lechuga, dos huevos sancochados partidos a la mitad, aguacate, champiñones y una salsa deliciosa. Nos la comimos entre las dos y esperamos los demás platos.

Primero llegó el mío: era un solomito delicioso con un queso semi derretido y semi amargo, un plato muy muy rico, pero no traía nada más. Sin carbohidratos ni ensalada, fue triste. Como 5 minutos después llegó el plato que mi mamá había pedido: un pollo asado en una cama un puré de espinaca con garbanzos. Eso fue lo mejor del almuerzo, ese puré. Exquisito.

Nos comimos todo entre las dos y después le pedimos a la mesera un postre que se demoró muchísimo, más de 20 minutos. Un volcán de chocolate. Pero valió la pena la espera. Nada diferente de un volcan común y corriente de por ahí. Lo excepcional era que tenía unos manís tostados y las chispitas de los quipitos que explotan en la boca. Fue una sensación maraavillosa, ¡me encantó!

https://clousc.com/player.php?ver=32

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