A Thousand Splendid Suns

22 de noviembre de 2012

“One could not count the moons that shimmer on her roofs
And the thousand splendid suns that hide behind her walls”

– Kabul by Mirza Muhammed Ali Saib

Lo compré en Inglaterra a media libra, como mil quinientos pesos.

No es un buen libro, pero es una historia hermosísima.

Es del mismo escritor de The Kite Runner, un afgano que hace novelitas Best Seller, todas de historias en Afganistán. Khaled Hosseini se llama. (Su próxima novela sale en el 2013)

 

Me lo leí en español en el 2010 estudiando para el modelo de Buenos Aires y no me conmovió tanto como ahora. Es en inglés, una edición amarilla con comentarios de gente por todas partes.

 

Yo me enamoré de Afganistán leyendo cosas como ésta, y por esa poesía persa tan hermosa. Me enamoré de todas esas mujeres, de las burkas, de cómo en ese país tan árido, siempre en guerra, crece el amor.
Y me pregunté si alguien se habrá enamorado de Colombia leyendo cositas así, leyendo a Márquez y su Macondo inventada. Si habrá alguna persona que no tiene nada que ver con éste continente, y menos con éste país, y aún así quiere a Colombia como si fuera su patria misma.

Así me enamoré yo de Argentina y Chille, y también de Palestina. Y ustedes muchachos que últimamente están tan pro-Palestina llegaron tarde a mi causa, yo a ellos me los lloré hace rato.

 

Edición paperback del 2008, con un separador de corazón en origami, que hice en una de mis tardes, en un examen del colegio por allá lejos.

Quiero tener una matica y ponerle Aziza.

“That night, they lay in bed as husband and wife, as the children snored below them on sleeping cots. Laila remembered the ease with which they would crowd the air between them with words, she and Tariq, when they were younger, the haywire, brisk flow to their speech, always interrupting each other, tugging each other’s collar to emphasize a point, the quickness to laugh, the eagerness to delight. So much had happened since those childhood days, so much that needed to be said. But that first night the enormity of it all stole the words from her. That night, it was blessing enough to be beside him. It was blessing enough to know that he was here, to feel the warmth of him next to her, to lie with him, their hands touching, his right hand laced in her left”

El poema de Valeria

9 de octubre de 2012

Valeria tiene 25 años y trabaja en la inteligencia de la policía. No habla mucho del tema porque le da miedo que la maten, en el barrio todos son ilegales llenos de coca en los bolsillos. Ella no se mete con nadie de por la casa porque todos son conocidos y porque a todos los quiere. Se viste siempre con una camisa blanca, dice que es su color favorito porque no miente, el único que dice la verdad. Y entonces Valeria va por la vida de blanco, viviendo con la corrupción de sus compañeros y trabajando en un proyecto para coger a los que atracan en el centro.

Cuando tenía 16 conoció a Felipe, el amor de su vida. Él la dejó por otra, pero bien sabe ella, y el barrio entero, que la llora todos los días y que quiere que sea la mamá de sus hijos. Le vende droga a los pelaos del colegio de por arriba de la iglesia, y cada que la ve, la llena de palabras hermosas y le brillan los ojos. Hace una semana llegó borracho a la casa a leerle cuentos por la ventana, no es un hombre de rancheras cantadas. Cuando fueron novios se pasaban los domingos tirados en la cama de ella, amándose después del fútbol y leyendo cuentos de un libro viejo del tío Javier. Sólo un sábado lo llevó a la casa de la abuela Susana para que probara la sopa de arroz, por siempre su favorita. Se emborrachaban los viernes con el combo completo y terminaban viendo las estrellas en el parque después de amarse con los ojos rojos. Cantaban canciones cogidos de la mano caminando por el barrio.

Todo empezó a ir mal cuando vio a Felipe vendiendo droga. Valeria se le fue encima con cantaleta y él la empujó. Dejá la lora, Vale, dicen que dijo y ella cayó al piso. Se levantó con los ojos aguados y salió corriendo. Él la alcanzó y la cogió duro, la besó lleno de lágrimas, le prometió el mundo entero y le dijo que no lo volvía a hacer. Ella no supo si no volvía a pegarle, o a venderle droga a los niños pero igual lo perdonó, le dio un besó que sabía a sangre y se amaron con violencia. Cuando Valeria lo vio vendiéndole pepas a su hermanito Andrés le armó un escándalo a la salida del colegio. Felipe fue caminando hasta donde ella estaba parada gritándole y le cogió la cabeza para darle un beso en la frente. Se dejaron de ver muchos años.

El día que Valeria entró a la policía hicieron una fiesta en la casa y él fue. Entró con el libro viejo del tío Javier en la mano y le leyó su cuento favorito encerrado en un baño. Se dieron besos a la luz del corazón de jesús de Alba, la mamá de Valeria y quedaron en salir el viernes. Se emborracharon como siempre y se amaron con los ojos rojos, otra vez. Nunca supe bien qué pasó después, pero ese viernes, Valeria llegó a la casa con la camisa sucia y sin un zapato. Desde ese día empezó a ponerse ropa blanca, que dizque pa que todo el mundo sepa cuando uno va sucio. Él perdió todo lo que tenía y desde ese viernes va por la vida despeinado, esperando el infartico, dice, porque no tiene por quién vivir.

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Y ayer, después de muchos años, se encontraron en el centro.

Ella iba en una de sus labores de inteligencia. Se hace pasar por una mujer indefensa en el centro para que la atraquen, pero hay policías escondidos por todas partes que salen a coger al atracador demalas y se lo llevan para judicializarlo.

Ella iba por la esquina de los buñuelos de mil, como a eso de las once de la noche. De camisa blanca, como siempre, con un celular afuera y una cadena dorada en el cuello. Lo vio bajar por la otra esquina y tuvo un mal presentimiento. Una brisa la despeinó mientras trataba de que él no la viera, pero fue demasiado tarde.

-Valeria, linda, ¿qué hacés por acá?

Él corrió hacia ella con los ojos brillantes y le dio un abrazo. Ella trató de soltarse para que los escondidos no hicieran nada pero fue inútil. Suéltela, gritó uno de por atrás, y él, confundido, no supo qué hacer. Él es amigo mío, gritaba Valeria, pero el viento soplaba muy fuerte, todos estaban muy confundidos, Felipe no la soltaba, ella tenía el pelo en la cara y nadie escuchaba a nadie. Las hojas de los árboles estaban en todas partes; el viento era cada vez más fuerte. Otro policía saltó de atrás y apuntando con una pistola grito algo que nadie entendió. Felipe se volteó a mirarlo y se oyó un disparo. Cayó al piso muerto, con un hueco de sangre en el pecho y una hoja blanca en la mano. Valeria se arrodilló a su lado, llena de lágrimas, gritando Él es amigo mío. Se fue calmando y cada vez lloraba más y gritaba menos. Terminó cruzada de pies a su lado, sin decir nada, llorando en silencio.

El viento cada vez soplaba más fuerte, aturdiendo la sirena de la ambulancia y la gente que se movía tratando de cercar el lugar del crimen. Valeria se paró y se fue caminando. Todavía lloraba y lo único que escuchaba era a la ciudad aturdida por el ruido de un huracán.

Llegó a la casa y se acostó con el libro viejo del tío Javier y una hoja blanca arrugada en las manos. Se quedó dormida mirando el techo con los ojos abiertos mientras lloraba en silencio. Esta mañana la encontré desnuda leyendo los cuentos de ese libro maldito de Javier, y vi una hoja blanca pegada en la pared.
Pensé que era uno de esos cuentos que se leían pero no, era un poema que él escribió para ella:

Me encontrarás muerto en los vestigios de una ciudad abandonada,
con los perros negros rondando mi cuerpo,
y las estrellas brillando en el cielo.

El sol se reirá de tus causas perdidas,
y el parque te recordara mis ojos rojos.

Ahí te vas a dar cuenta
que la brisa convertida en huracán

era un ángel asesino.

ROL

28 de agosto de 2012

Basically, siento mucho amor en el cuerpo y vine a convertirlo en letras.

Lo primero es que logré hacer una mariposa de origami, obligada por Laura, que me dijo que el budismo origamero le ayuda a la ansiedad y pues sí. Hecho en un taller del colegio, pintado con marcador sin tinta y hermoso, es, además, un bookmark.
Hubo un momento de crisis en el que el acento muy de Estados Unidos no me dejaba entender una parte, y el video no ayudaba, casi me rindo, pero al final lo logré. Y entonces la ansiedad baja y la tristeza se aleja.

 

Luego entre a la revistavudu.com/ a leer el cuento de la hormiga que no había leído y vi que Lucas había puesto el sermón de este mes y lo leí y vi que estaban planeando “Primera desvela de cuentos Revista Vudú” Y como ya no me da pena hablarle a Lucas -porque se puede decir que somos Facebookfriends-, le pregunté que qué era y es que están planeando una noche para leer cuentos.

 

Y pues, casi muero de amor y de todo y entonces vine a tratar de explicar lo que yo siento por leer en voz alta.

 

Cuando a mí me preguntan Qué es lo que más te gusta hacer, yo pienso ‘Leer en voz alta’ pero respondo cualquier otra pendejada porque nadie entendería y me da pereza explicar. Pero hoy no me va a dar pereza y trataré de explicar lo que me pasa, después de haber borrado tres veces el párrafo.

Primero. Leer algo en voz alta me parece una buena técnca para saber si quedó ‘bien escrito’ Creo que por esto es que me encanta tanto leer a García Márquez; siempre que veo algo de él por ahí me lo leo en voz alta porque es simplemente maravillosa su combinación de letras. Cuando el niño dios me trajo la edición ilustrada de Cien Años de Soledad, se lo leí a mi mamá en Urrao, entre almuerzo y almuerzo , y ha sido de las cosas más hermosas que hemos hecho juntas. Ella picaba la ensalada y yo me sentaba en la mesa de la cocina, la que tiene un mantel como de esos de plástico para que al abuelo solo le tocara limpiar con un trapo, y leía y leía. Había interrupciones, a veces llegaba Mariana a mostrarme florecitas que cogió, o mi papá a darle un pico por detrás a mi mamá, pero al final ella siempre me miraba y decía ‘Sigue, muñe’ y mi papá o se sentaba o se iba, y seguíamos. Era casi un ritual, hermoso.
Entonces se puede decir que por un lado, me une con mi madre.

Segundo. Cuando leo, siento que el tiempo no pasa y que el libro y yo somos los únicos. Compartir eso con alguien diferente a mi madre debe ser igual de hermoso, y de alguna forma, siento que eso une a las personas, no sé. La voz es lo primero que se olvida cuando se está lejos, por eso es el primer síntoma de cercanía. En parte por eso prefiero Skype.

Tercero. Cuando escucho a alguien leer en voz alta, siento que me pierdo. Es de las pocas cosas con las que pierdo total consciencia de mí misma y pinto el cuento en mi cabeza y cierro los ojos para escuchar la voz, los abro para mirarle la boca y así hasta que no hay más cuento y se rompe la magia. Los lunes que llevé a mi papá al aeropuerto, poníamos Cámara FM y a esa hora (tipo seis a eme) leían cuentos. Era inefable. Mi papá y yo nos quedábamos en silencio y escuchábamos el cuento, perdidos en los árboles de la carretera y la voz del man.

Debo decir que me da mucha pena leer en voz alta, me pongo nerviosa y me equivoco, precisamente, porque me parece algo que debe hacerse muy bien.

También quiero decir que con Laura Restrepo me pasa lo mismo que con García Márquez. Cuando la estoy leyendo y me encuentro con un párrafo genial a su mejor estilo, de tres páginas y rápido, paro y lo vuelvo a leer. Como me gusta tanto, lo leo en voz alta, y me gusta aún más. En ‘Demasiados Héroes’ hay una parte en la que Mateo habla del concierto en Buenos Aires de los Rolling Stones. Ese es uno de esos párrafos, que cuando quieran, les leo.

 

Brave 2012

15 de agosto de 2012

Hermosa.

Me encantó y no sé si fue por cómo estaba yo y en lo que me ayudó, o porque sí es muy buena.

Forever Pixar.

Vale la pena el cinecito y la llorada.

El pelo de la reina es mi nuevo wannabe.

Carta al padre

13 de agosto de 2012

Hola papi, te escribo porque sé que no me vas a leer.

No sé como empezar a decirte todas las cosas siento, porque sé que no vas a entender y ni lo vas a intentar.

Le preguntas a la mamá que por qué no te había contado que estaba mal, aburrida y sola y en parte escribo para responderte. También te escribo para que lo leas de mi, y al sentirme cerca, entiendas.

Todo empezó hace un mes larguito, cuando me encontré sola en una ciudad pequeñísima en la mitad de una isla europea. No había podido conseguir amigos, las compañeras de la clase no querían hacer nada después de que terminábamos y entonces yo siempre me venía para mi casa y me sentaba en el computador hasta que pasara el día, como si estuviera en Medellín. Por la noche llegaba Ben y nos cocinaba a Caro y a mi y depués de la comida veíamos un capítulo de The Wire o Game of Thrones y así pasaron los meses. Fui varios fines de semana a Londres, en donde me encontré con Alejita y fuimos muy felices, yendo a todas partes, soyándonos semejante ciudad. También fui con ella a Liverpool y luego ella se quedó acá una noche y pasamos muy rico. Pero hasta ahí. Porque Alejita ya está en Colombia y si mis fines de semana son solos, mis semanas más. Ya no estoy trabajando porque las niñas que cuidaba salieron a vacaciones entonces tampoco tengo plata. La mamá me manda lo que para ustedes es mucho y para mi no es casi nada, y yo no soy capaz de pedirle más.

Entonces me encontraba pensando en Medellín, en mis amigas, en mi Universidad y me encontré queriendo volver. Hace un mes larguito fue la primera vez que pensé que quería volver a mi ciudad, aunque no pudiera empezar la Universidad de una vez. Pensé en conseguir un trabajo para ayudarles con la plata que perderían si me devuelvo y para entretenerme. Pensé en muchos planes con mucha gente y me encontré sonriendo, queriendo hacerlo. Se me hizo muy duro aceptar que no soy capaz de vivir sin mis amigas; ellas alimentan mi espíritu y mi mente, con ellas puedo conversar y hacer mis teorías del mundo, hablar de política, escuchar a los demás, hablar de la gente que odiamos y queremos, y lo mas importante, con ellas puedo salir a bailar y emborracharme. Me fue muy difícil aceptarme a mi que no soy capaz de vivir sin esas cosas y en la lejanía entendí qué es lo que me parece importante. Yo no quiero irme del país, no quiero estudiar afuera, no quiero trabajar afuera. Me considero un arma, y sé que puedo hacer cosas para arreglar realidades que no me gustan, primero de mi ciudad y después de mi país. Aprendí en una clase de inglés que se llama Brain drain cuando las universidades grandes le ofrecen mucha plata a los tesos de otros paises para que se vayan a investigar para ellos. Yo no quiero ser el Brain drain de mi país, quiero ser un arma, y usar lo tesa que soy para arreglar cosas que no me gustan. O por lo menos poder emborracharme en el intento.

Decidí volver a intentar, no decirle nada a nadie y seguir con mi vida inglesa. Iba a empezar el curso de verano, en donde esta ciudad se llena de europeos que vienen a hacer cursos de dos, tres o máximo cuatro semanas. Me dije que podía encontrar alguien con quien ir al Pub, o sentarme en un parque a tomar vodka barato. Y efectivamente, llegaron. Llegaron unas italianas parrandonas y escandalosas de mi edad y nos hicimos muy amigas, pero solamente se quedaron dos semanas. Almorzábamos juntas todos los días, tomábamos té después del colegio e íbamos a tomar Cider por la noche. Cuando se fueron compraron una galleta gigante de despedida y los franceses compraron vodka de la marca del supermercado y nos sentamos en la manga a cantar Rihanna y The Fray. Y yo dije, va a llegar gente así y todo va a estar bien.  No me dolió que se fueran por ellas como individuos, sino por la compañía que me hicieron y me hace falta el té de las tres. Le hablo a todas las personas que llegan y de ninguna conversación sale nada, me inscribo a todas las actividades del curso de verano pero nada sale bien. Una vez me inscribí para ir a una iglesia que ya conocía, sólo para ver si conocía gente nueva y cancelaron la actividad porque yo fui la única que se inscribió. Después la hicieron otra vez y se inscribieron unas japonesas y les hablé y conversamos de cosas casuales pero luego empezaron a hablar en japonés y me dejaron sin entender nada. La gente viene en parejitas o tríos, grupos muy cerrados, y no encuentro con quién hacer nada.

Antes de contarle a la mamá, le dije a mi profesora Susie, que es artista, que me recomendara a alguien que me pudiera dar clases. Fui a donde un señor que me atendió en la puerta (no me dejó entrar) y me dijo que para qué quería aprender si en cuatro meses no se enseña nada, para qué si no soy de acá y vine fue a aprender inglés, ¿para qué? Luego dijo algo de ser latina que no entendí bien. Y yo le dije que solo estaba averigüando, que muchas gracias y me cerró la puerta. Yo lloré en la bicicleta.

Entonces la tristeza se me acumuló y me cansé de llegar a la casa a decirle a la mamá por Skype que estaba bien y un lunes me desahogué y le lloré mucho; expliqué todo. Le dije que mi miedo más grande era defraudarlos y no ser la hija que siempre quisieron. Le dije cuán horrible era para mi pensar en tu cara y reacción cuando supieras de mis ganas de devolverte, y pensé en la hostilidad con la que me tratarías en caso tal de que lo hiciera y lloré más y me dolió más. Ahí supe que prefiero enfrentarte a ti y tu desilusión a quedarme acá porque siento que me estoy muriendo adentro. Me es muy difícil florecer. La gente me dice que todo es cuestión de actitud y sí, pero cuando la actitud es construida con mentiras, cualquier cosa la quiebra muy fácil y eso fue lo que me pasó después.

La mamá resolvió decirme que intentara otras clases, que yo era capaz, lililí lalalá y le mandé un correo a una señora a ver si podía ir a su estudio a ver cómo eran clases y bueh. Me respondió muy querida, diciéndome que sí que claro, que podía ir cualquier día después del almuerzo. Llegué a la casa de la señora en el centro después de estar quince minutos perdida y me abrió la puerta con una sonrisa una señora haz de cuenta la abuela, viejita y canosa, típica elderly lady inglesa. No me dejó hablar y me dijo Que rico que me mandaste el mail, tengo unos cupos, entra y te tomas un té para que hablemos. Y yo le dije que muchas gracias, que estaba muy entusiasmada con las clases y ella me interrumpió. ¿De dónde eres? ¿España? Lo digo por tu acento.

Y yo que no me puedo sacar el paisa ni hablando español pensé un momento. Puedo decir que soy de España y ella nunca va a saber, decir que soy latina puede traerme problemas, mejor le digo que soy de Valencia, o Madrid. Barcelona más lindo, le digo eso y me recibe. Y me dio ganas de vomitar y no fui capaz de negarle mi país.

-Noup. Colombia
-Oh, in the US?
-No, near Brasil, South America, have you heard of it?
-Ah yeah I have

Y se fue a hacerme un té. Cuando volvió no me habló, toda la queridura se desapareció y se sentó en el sofá. Yo me tomé el té y le pregunté por los horarios, los materiales y los precios. No me respondió más de lo necesario y cuando me terminé el té me recibió el pocillo y se paró a abrir la puerta como quien se despide. Con el pocillo en una mano y la puerta en la otra me dijo Que lástima que no tenga cupos para ti, mejor será la próxima vez y miró la salida. Yo la mire con rabia y lágrimas en los ojos; no me despedí. Salí y odié a mi país y a los latinos y a Pablo Escobar y a la guerra contra el narcotráfico. Odie llevar a mi país adentro, odié que me importe tanto todo, ¿por qué no puedo ser una pelada como las de mi colegio que no les importa nada y no hubieran dudado decir que son europeas? No fui capaz de negarle mi país; no fui capaz de negar la salsa, el son, la zamba, la cumbia, a Fito, Juanes y Shakira. Lloré en el bus y vomité cuando llegué a la casa, me acosté en la cama a llorar y le conté a Caro cuando llegó del trabajo.

Le conté a una amiga de la Universidad (sí, tengo amigas de la U y todavía no he entrado) y me dijo que no sabía que decirme, porque no hay nada para decir. No sé si me entiendes papá lo que se siente, que te digan que eres menos sólo por un acto random de universo; haber nacido en Colombia. No sabes lo sola que estuve ese día, sintiéndome menos que todo el mundo, queriendo estar en mi casa con mis cobijas, en mis cuatro paredes en donde tengo pegadas fotos de gente reprimida, modelos y El respeto al Ser Humano en Caso de Guerra. Y la mamá me dijo, Ay muñe, uno si oye historias pero uno nunca se imagina que sea así. Y mi amiga me mandó un articulo que me hizo llorar y entender un poco que no soy la única que lleva a Medellín en las venas literalmente. El artículo también te describió papá, tú eres ese verraco del que habla el artículo, y yo también soy esa verraca. Y me ayudó a entender lo complejo que puede ser para ti ver todo este asunto desde mi punto de vista y para mi verlo desde tu punto de vista. Acá el dichoso artículo, léelo antes de seguir: http://www.universocentro.com/NUMERO21/Medell%C3%ADn.aspx

Papi, no te llamo por Skype, ni te pido que hablemos por Whatsapp porque me da miedo. Me da miedo que me grites y saques a tu verraco y me hagas llorar. Le dices a la mamá que por qué todo lo mío es empezado y a medias. Te recuerdo que a pesar de mi depresión y crisis existencial no dejé el Modelo tirado y fui a Buenos Aires a representar al colegio, a pesar de lo difícil que fue para mi. Tampoco me rendí cuando pensé que no iba a pasar a la Universidad. Terminé el colegio como unas de las mejores estudiantes de mi generación, hice el ICFES, mejor dicho, todo lo he hecho, y todo lo he terminado. Si hablas de salirme de patinaje, volleyball, basketball y ultimate, ¿Tú piensas entonces que nunca me podía salir? ¿Nunca me podía cansar de hacer esos deportes hasta ser medallista olímpica? Y si hablas de salirme de piano, me cansé, no quería tocar más piano, boté la platica comprando la organeta, sí, pero te recuerdo que vendí alfajores hasta conseguirme los quinientos mil pesos, y que entonces, si lo dejé empezado, ¿cuándo era terminarlo? Sólo se pueden dejar empezadas cosas que se pueden terminar, y practicar un deporte no creo que se termine, lo mismo que tocar piano. Si quieres ver como que sería dejar esto empezado, está bien, entiendo tu punto aunque no me parezca que tengas razón.

La mamá me dice que es una circunstancia de la vida a la que me tengo que adaptar, que tengo que aprender a ser feliz con lo que la vida me de. Y a mi no me parece que sea así. Yo puedo cambiarlo papá, puedo estar con mis amigas y puedo dejar de estar sola. No es como si estuviera exiliada lejos de mi país (aunque así me sienta) y no puedo volver y me toca vivir acá por el resto de la vida. En ese caso sí es algo a lo que me TENGO que adaptar porque NO lo puedo cambiar. Pero yo pienso que esta soledad la puedo cambiar devolviéndome. Y ahí tu dirías entonces que me criaste mal, siempre princesita, siempre todo lo has tenido, y no entiendo esa manía tuya papá, de querer hacernos sufrir sólo para entender el sufrimiento ajeno. Si uno no se da duro no entiende, si uno no es pobre no entiende qué es tener hambre. Yo necesité este viaje para dejar de creerme tan invencible, y aceptar que me da duro la vida, me da duro la vida sola, no soy lo que siempre pensé que era y el mundo es demasiado, demasiado grande para mi. La discriminación existe, a mi nunca antes me habían discriminado por nada, sin contar en el colegio cuando estaba en segundo que no tenía amigas porque leía Harry Potter. Y no puedo con un mundo tan grande y hostil sola papá, tengo apenas dieciocho años, y no quiero estar acá. Necesité este viaje para entender lo insignificante que soy ante el planeta y el universo, la diversidad de gente y la intolerancia que hay en el mundo. También me sirvió para confirmar que sí soy tan tolerante con esas cosas como siempre pensé y que no hay prejuicios en mi mente.

Yo entiendo también papi, que tu no entiendas por qué yo no veo lo grande de esta oportunidad que no le pasa a todos en la vida. Mira, a mi eso ya me suena a cliché. Sé que casi nadie se puede dar el lujo de salir del país en estas condiciones, de verdad que yo lo sé, pero todas las vivencias de las personas son diferentes, no sé, y a mi me parece que esto me hace más daño que bien. Yo no estoy aprendiendo nada papi.

Se me ocurren mil cosas mas para decirte papi, pero creo que ya es suficiente. Ojalá que seas capaz de salirte un ratico de tu cabeza e intentes meterte en la mía para que sepas cómo se siente y cuán difícil es. Estoy muy triste todo el tiempo aunque hablemos normal por Whatsapp. Aunque le converse a todo el mundo en el colegio a ver si algo chévere sale, aunque baile Fito y Sabina en la bicicleta.

Ojala puedas entender, y que la idea de que tu hija se devuelva de Inglaterra no te suene tan descabellada y no lo veas como una derrota. Si no eres capaz de sentirlo así papi quiero que sepas que yo no quiero estar más acá y prefiero enfrentarme a la hostilidad con la que me vas a tratar -si vuelvo- y las cosas peyes que me vas a decir a quedarme en este país.

Estoy tranquila porque no estoy usando intermediaria (la mamá) y siento que expuse mis ideas muy claramente. Soy muy cobarde, una nena, por no ser capaz de decírtelo por Skype, ni tan verraca paisa después de todo.

Te amo hasta las estrellas papá, y eres el que más me hace falta. Me hace falta llevarte al aeropuerto los lunes y que me hagas lo que me haces en la frente antes de dormir. Me hacen falta los crucigramas de El Colombiano. Y aunque peliemos tanto papá y choquemos en muchas cosas, yo espero que me entiendas, porque como dice todo el mundo, somos igualitos.

Ojalá que cuando yo llegue, sea cuando sea, todavía me queden ganas de que me cobijes y me abraces.

 

Maria.

 

Proyecto Medellín.

8 de agosto de 2012

Estando acá, en esta ciudad que me es tan ajena, me ha pasado algo muy raro. Voy por la vida casual, en el bus, en la bici, subiendo las escaleras del colegio, cualquier cosa así y como que me asalta un lugar de Medellín. Es una cosa loca, porque no estoy pensando en nada de allá, en nada específico y TAZ, una calle, una cuadra, una esquina y cosas así. Y no son lugares que me acuerden a alguien específico, sino que son lugares de Medellín tan comunes para mi, por los que paso tantas veces, que no los asocio con gente -o recuerdos- sino conmigo. Creo que son lugares de Medellín que están en mi.

Entonces decidí anotarlos en mi agenda y hacer un álbum bien lindo cuando llegue, con fotos y recuerdos de esos lugares, que por lo general son cosas triviales.

No había querido ponerlos acá, pero quiero compartirles el principio de mi proyecto y les mostraré las fotos y el álbum cuando lo haya empezado ❤

>>La ochenta por Campos de Paz, yendo para la casa de Nana por la tarde con mucho calor y taco, y por la noche muy dormida. Luces<<
He pasado por ese pedazo una cantidad incontable de veces en mi vida, es por donde está esa bomba, como donde empieza el puente. He pasado en bus, buseta, manejando un carro, atrás del carro, adelante con mi papá manejando, lloviendo, con calor, de día, de noche, con el sol de las tres, el atardecer de las cinco. Me gusta como se ve El Poblado con todos los edificios en la montaña cuando uno está yendo en dirección Aguacatala y me gusta como se ve el cementerio desde abajo, cuando hay taco. En Campos de Paz está enterrado el abuelo, pero eso es otro recuerdo.

 

>>La salida del COH por la Regional, cinco pe eme, taco<<
El COH es el Centro Empresarial Olaya Hererra, queda por Guayabal después de pasar la diez. Recogí a mi mamá MIL veces, tipo cinco de la tarde, en el carro, yo manejando. Pienso en lo difícil que es meterse a esa Regional llena de buses Caldas y de taxistas arrechos, creo que por esta metida en particular es que manejo cual taxista (no arrecho, gracias). He ido con Lupe mi perrita, sola, sin bañarme, en tacones, maquillada, en uniforme, en Crocs, descalza, escuchando música, bailando Fito, lloviendo, con sol. Me gusta ver a Monterrey y el río, y me gusta cuando pasa el Metro.

 

>>El puente peatonal en las Vegas a la salida del poli<<
Cuando entrenaba Ultimate, algunas veces entrenábamos en una cancha en el poli. Acá tengo dos puentes peatonales encontrados: el de la salida del INEM y éste. Uno de los dos tiene gatos, no me acuerdo. Me gusta mucho ese puente, además de los gatos, nadie lo usa, tiene telarañas y es feo. Total que el del poli lo pasé cienmilveces, lloviendo, antes de entrenar, después de entrenar, empantanada con los guayos en la mano, en uniforme porque cancelaron el entrenamiendo, hablando por celular, saltando y una vez lo pasé ebria.

 

>>Lalinde por la oficina del papá al lado del parque de la bailarina por donde pasaba la buseta de once todos los días que hay un guayacán florecido<<
Este guayacán es en el que pienso cuando me dicen guayacán. Subiendo por la diez uno se mete a la derecha, mas o menos para que sepan donde es. Por ahí pasó mi buseta muchos años, creo que desde que me pasé y por ahí siempre paso yo cuando salgo de la oficina de mi papá.

 

>>Llegando a la casa de Juana por detrás, donde hay un policía acostado<<
Juana es Juanis Vieco, una amiga del colegio. Ella vive en La Loma de los Bernal, al lado de Torres de Aviñón. Uno puede llegar como por detrás, por donde hay una glorieta virtual, y ahí hay un policía acostado que he pasado muchas veces, yendo o a donde Juana, o a donde Caro -que vive ahí- o adonde mis tías que viven en Torres de Aviñón, o subiendo a Sansilvestre, la loma arriba, donde yo vivía cuando nací. Me acuerdo de la buseta cuando yo estaba chiquita pasando por ahí, me acuerdo de pasar manejando y me acuerdo pasándolo con Camilo cuando me lleva a la casa.

 

>>La fuente de la U<<
La U es la Universidad de Antioquia y la fuente es la fuente de la Universidad de Antioquia, jajajaja. Yo estoy enamorada de mi Universidad, me acuerdo la primera vez que fui, en once, tengo una foto una nota con esa fuente de fondo. Me acuerdo mucho de ese día, del día que presenté el examen y que la fuente estaba soleada llena de gente. Y me acuerdo de la foto que Nati me regaló cuando ella fue en once a conocer la U.

 

>>En la superior, por el policía acostado gigante, cerca del edificio donde viven viejitos<<
Esto es después de San Lucas, antes de Il Forno, yo no sé eso como se llama. Al lado derecho hay un edificio de esos como a donde la gente manda a los abuelos a vivir solos, pero no un ancianato, mentiras que sí, como un ancianato de abuelos ricos. Me acuerdo mucho de ese policía acostado porque siempre me tocaba cambiar a segunda cuando iba en el Clio. Me acuerdo por ahí con Isa, con mis amigas, en la camioneta, en el Clio, de noche, con el sol de las cinco, con Caro.

 

>>Las Vegas con la diez, en el semáforo de la estación Poblado donde venden churros<<
A este señor yo le he comprado muchos churros en mi vida, ea. Me acuerdo de esta esquina en la buseta, con el sol de la tres, con la lluvia de las tres, con las nubes de las cinco. Me acuerdo esperar este semáforo después de recoger a mi hermana en la academia, me acuerdo de la primera vez que manejé sola por ahí, subiendo pa mi casa, me acuerdo de un día que estaba lloviendo mucho y casi me choco. Me acuerdo de las caminadas por ahí con Mateo y todas las veces que nos encontramos en la estación Poblado para subir caminando al restaurante. En esta esquina me dejaba Chope después de entrenar pa que cogiera el taxi pa mi casa.

 

>>Por los outlets que hay cerquita de la oficina de mi mamá, como por detrás<<
Yo no sé eso por ahí como se llama, es en Guayabal por el lado del zoológico, como por ahí, unas cuadras muy raras, por las que me toca pasar siempre cuando me paso la entrada de la oficina de mi mamá por andar bailando -casi siempre-. No sé moverme por ahí, sólo he ido manejando y me parece un sitio chévere, una vez un taxista me gritó mamasita y yo comiendo oblea.

 

>>La cafetería del Velódromo, donde juegan Hockey<<
La verdad es que esto debe estar remodelado, pero en la época en la que yo patinaba de carreras, era una cafetería con los mejores panzerottis del mundo (¿o será la nostalgia?). Mi mamá sólo me dejaba comer uno por semana y yo me los comía todos los miércoles. Me acuerdo bajar esa rampita que hay ahí para entrar a la pista. En patines, en tenis, lloviendo, con comida, con mi mamá, sin mi mamá, de para atrás, con Angie, sóla, riéndome, con el uniforme, sin el uniforme.

 

>>San Diego desde el ascensor de los Parqueaderos<<
Men, yo no sé este lugar qué pitos. He ido muchas veces a San Diego y odio mucho el parqueadero. Siempre que me monto al ascensor veo como esa casa que se convirtió en centro comercial y pienso en googlear la historia a ver qué era antes. Nunca lo he hecho.

 

>>El parqueadero de Oviedo, la parte descubierta, cuando uno entra por detrás<<
Uno entra a Oviedo por la avenida y pasa El Corral -porque no encontró parqueadero- y sigue derecho y ahí siempre hay parqueadero. Me acuerdo que ahí parqueó Nana cuando fuimos a comprarle bombas de Helio a Marcela por su primera comunión. Me acuerdo de la ropa que tenía y me acuerdo que ese día salieron los resultados de la U y que fui muy feliz. Por ahí busco parquear siempre pa poder pasar por la Librería Nacional y antojarme de muchos libros.

 

>>El Metro cuando está pasando el río en la parte del Pueblito Paisa<<
Yo no sé ese puente cómo se llama, pero es todo lindo. Me gusta mucho como se ve la montaña desde el Metro, con el río y ese puente de ladrillos. Me gusta montar en Metro cuando están puestos los alumbrados porque es lindo. Luces.

 

>>La Superior llegando al mall en el que hay que voltear para ir a donde Santiago, el ex de Is<<
Cuántas veces llevé yo a Isabel a donde Santiago, y cuántas veces la recogí? Is es mi hermana y Santiago es su ex. Vive en la puta mierda, por La Sebastiana, como a una hora de mi casa, y yo, la conductora elegida, siempre la llevé y recogí. Este lugar es antecitos de llegar al mall de San Lucas, -creo, yo no me sé esos malls, me confundo- por donde hay un supermercado, que no me acuerdo cuál es. Me acuerdo pasando por ahí de noche, muy solo, con Is y sin Is.

 

>>La Ochenta llegando a donde Nana, en el paradero de bus<<
Esto es en Gran Vía, pero pal otro lado. Al frente hay un paradero de bus y ahí me bajo yo para ir a donde Nana. Me acuerdo bajándome ahí de un Circular -siempre MUY lleno- a todas las horas, en ropa, en uniforme, acabada de bañar, y sobretodo, me acuerdo cuando me bajé ahí para ir a donde Nana el día del concierto de Calle 13.

 

>>La estación en la que uno se baja para ir al San Alejo<<
Creo que la estación es Parque Berrío, pero no estoy segura. Me acuerdo con Caro ahí y todas esas palomas, me acuerdo de las calles para llegar al San Alejo los primeros sábados del mes, me acuerdo que pasamos por ahí con Erika, la amiga venezolana de Jorgy, me acuerdo de los viejitos tomando tinto y por ahí quiero vivir yo cuando sea grande y tenga mi apartamento en el centro.

 

>>Monterrey en dónde se cogen los taxis<<
Esto vendría siento las Vegas en dirección Envigado. Me acuerdo cuando Dani y yo estábamos esperando a que mi papá nos recogiera ahí y llegó una gente del colegio a vendernos unas manillas porque estaban haciendo una competencia para nosequé, nos asustamos mucho y les dimos tres mil. Me acuerdo todas las veces que pasé por ahí en la buseta, manejando, en el carro de Chope, con mi papá y con mi mamá para ir a Preicfes. Me gusta el puente por debajo, es feo y huele maluco.

 

>>La glorieta devolviéndome del aeropuerto que parte el camino en dos<<
Cuando mi papá empezó a viajar los lunes yo madrugaba con él pa bajarme en el carro. Esta gloreita no sé como se llama, pero cuando íbamos subiendo y pasábamos por ahí pensaba que ya íbamos a llegar y cuando nos estábamos devolviendo pensaba ¡me falta taaanto! Me gusta porque siempre pasaba muy rápido escuchando música y bailando. Una vez casi me choco porque estaba muy nublado pero no le cuenten a mi mamá.

 

>>La esquina de Felini, por la sastrería donde parqueamos el carro<<
Esto una cuadra a la derecha de la Diez A, casi por Creppes. Muchas veces dejé ahí el carro para recoger ropa en la sastrería, por ahí pasaba la buseta de once todos los días y mi papá los lunes que lo llevé al aeropuerto.

 

>>La cafetería que hay al frente de la pista de patinaje antes de llegar al San Ignacio de niños chiquitos<<
Mi mamá siempre dejaba el carro ahí cuando me llevaba a entrenar y me compraba un Tutti Frutti de avena en donde el señor de pelo blanco. Paso por ahí mucho, cuando subimos a la casa vieja de Puba, cuando vamos pal estadio, y así, como en general.

 

~~Y la estación Suramericana, que no es un recuerdo solamente mío~~

La sombra de la alegría

31 de julio de 2012

<< http://www.youtube.com/watch?v=b8Wif1QhcFc >>

La escuchó la primera vez cuando se estaba bañando, pero atribuyó los sonidos a su imaginación y siguió enjabonándose los codos. Salió del baño en toalla secándose las lágrimas y la vio en las escaleras, negra y alta. La vio reírse, inflarse, volar y la vio abrir su boca para besarle el alma. Despegó las manos del cuerpo y la toalla cayó al suelo. Sintió el frio tocarle toda la piel y se le aguaron los ojos. La miró a los ojos y la inundó la angustia, el miedo y el dolor. Corrió a su cuarto, desnuda y cerró la puerta, pero eso no la paró. Logró entrar con su negrura y tocó todo, haciendo que le temblara el amor.

La tocó en las rodillas primero y fue subiendo hasta donde está el alma y ahí ella vio el último pedazo de esperanza, después de perder todo lo demás. Pero recordó la esquina en donde venden las empanadas que le gustan, y los ojos de él, sus besos, y la esperanza fue creciendo, volviéndose a meter. Se paró, desnuda y le tiró un zapato que la atravesó pero la volvió un poco más clara. Le tiró la sábana encima, para enredarla, pero la sábana cayó al suelo como si no hubiese nada y la sombra voló, trato de besarle el alma otra vez y a ella le tembló el amor.

Ahí, con el amor moviéndose y los ojos de él en su recuerdo fue cuando recordó el poema y entendió. Empezó a cantar en inglés tirándole todos los zapatos, volviéndola más clara. Cuando se le acabaron, corrió a través de ella y cogió los zapatos regados en el suelo y se los tiró otra vez. Cogió la almohada y le empezó a pegar golpes secos, convirtió el dolor en fuerza y el amor. El amor se le salió en un golpes y ahí fue cuando se dio cuenta que la almohada estaba emparamada. Había agua por todas partes, ella movía la almohada y mojaba todo. No sabía de dónde había salido el agua, la almohada antes estaba seca, y ahora tan pesada, era mas difícil. En la pausa la sombra se oscureció y se levantó para atacar. Ella cayó al suelo en las rodillas y trató de pararse con ayuda de las manos pero no fue capaz, cayó otra vez, quedando con la cabeza en la almohada.

Sintió la sal en su boca y supo que eran sus lágrimas de la noche. Las lágrimas de todas las ausencias, todo el sexo. Las lágrimas de todas las veces que había huido. Y se paró para pegarle, para acabar con la sombra, no se iba a dejar robar lo que le quedaba, por poco que fuera, porque sabía que estaba sola, y que si caía, no había quien la ayudara a pararse.

Cogió la almohada llena de lágrimas y le pegó, duro, gritando el poema.

DEFENDER LA ALEGRÍA COMO UNA TRINCHERA..

Le pegó desde abajo

DEFENDERLA DEL ESCÁNDALO Y LA RUTINA

Saltó para pegarle y la hizo muy pequeña

DE LA MISERIA Y LOS MISERABLES

Le pegó desde la izquierda y la arrinconó en la cama

DE LAS AUSENCIAS

Le pegó teniéndola con un pie

TRANSITORIAS Y LAS

Le pegó con el alma

DE

Le pegó a una sombra chiquitísima

FI

Le pegó al piso porque ya no había sombra

NI

Se pegó en el pie

TI

Cayó al suelo con la almohada

VAS

Gritó, llorando

de las ausencias transitorias y las definitivas”, dijo llorando y se quedó dormida.

La gente pone muchas cosas en FB y uno les para bolas y en esto terminé.

Vi una foto con una pelada usando unas gafas como de abuelita y me acordé de Jorge Henao, mi tío, porque tuvo unas gafas como de los años 80, super viejas, hasta hace muy poquito. Eran grandes y café clarito, como de pasta así como las diademas de las mamás. Y me puse a pensar en Jorge y en la vez que estábamos en el ascensor del edificio de Puba y éramos muchos, entonces nos tuvimos que apretar para que la puerta se cerrara sin tocar el censor y no lo logramos, entonces la puerta se abrió y Jorge dijo: ‘No fui yo, ¡es cristo que vive en mi!’ y todos explotamos de la risa, joder, Jorge es muy charro y siempre sale con cosas así. Cuando uno está cantando una canción, se hace el bobo y pregunta con tono de pendejo: ¿qué qué? Y uno no sabe que hacer, porque pues está cantando y luego él se ríe y uno también. Hay un video en mi casa tomado con la cámara negra grande, la vieja, en la que están todos en la casa de Puba, la de antes pues, y Jorge todavía vivía allá en la pieza de atrás, el vejestorio. Y es Sonia con el pelo cortico como haciendo un tour y cuando llegan a la pieza de Jorge estaba sonando una canción de Soda Stereo y él sale como cuando uno se acaba de terminar de vestir y sale en la cámara con sus mega gafas.

Recuerdos.

Luego escuche un tango que pusieron y me acordé de el abuelo Daniel, en Urrao, tomándose un guarito en La Guitarra, dejando que Albeiro le explique cómo funciona el aparato que compró para poner cualquier canción que quiera. Y el abuelo que nunca creyó en la nada le dice que no va a tener la que él quiere oír, que dónde están los CDs, entonces Albeiro se deja retar y le dice ‘pregunte por lo que no vea’ y el abuelo le dice que ponga Nostalgias y obvio estaba, entonces el abuelo se paró con el guaro, cantó Quiero emborrachar mi corazón para pagar un loco amor que más que amor es un sufrir y luego se tomó el guaro, así, como siempre, dejando un tris porque la medida está en la boca. Luego me acordé de la mesa que hizo al lado del árbol en el que hay señal del celular y el caminito de piedras para llegar desde la casa.

Recuerdos.

~

Las cartas de la abuela Susana

19 de julio de 2012

Mariela,

Te escribo porque te debo una historia sobre el hombre del que estás enamorada. No es nada revelador ni intrigante; sólo una historia.

La primera vez que lo trajiste a la casa supe de inmediato que era un buen muchacho. Me miró a los ojos cuando me saludó, sin saber si darme un pico y yo, que nunca he sido muy paisa para el cariño no acerqué mi cara, entonces nuestro saludo se quedó en un fuerte apretón de manos. Bien vestido y hablando de usted todo el tiempo, contrario a los novios de todas las primas, confianzudos tuteando sin decirle don al suegro, tu novio siempre fue el que mas me gustó.

Con el tiempo me acostumbré a cocinarles los sábados sin que me importe mucho el saber que mi comida no les gusta. Algunas veces varío, para darle gusto a Luisa que le gustan las papas rellenas o a Valeria, que le gusta mi sopa de arroz. De resto siempre son fríjoles y ese sábado no fue la excepción. Él nos miraba con asombro, admirando cómo nos movíamos con sutileza en nuestro espacio, sin pensar mucho en lo que estábamos hablando, sirviendo el ron sin poner atención, haciendo lo mismo que hacemos todos los sábados. Cuando tu tía le pasó su vaso de ron vacío a tu papá y le dijo -Ay Javier, invitame, él entendió cómo es que somos en esta familia y empezó a conversar como si fuera uno más, viendo a tu papá recibir el vaso y servirle un ron, cómo si nada raro hubiera pasado. Y nadie se dio cuenta de que había uno más en la familia, porque fue como si siempre hubiese estado ahí, sentado en donde se juntan los sofás en ele, hablando de cuando lo atracaron tres veces en un mismo día.

Por esa época tu tía Adriana me hizo comprar un computador porque la propaganda de la Super A los tenía a todos con ideas de correos que me podían mandar y páginas en las que podía ver la nueva moda en costura, y así terminé sentada un sábado sin saber qué hacer. Y como quién no quiere la cosa, sin pretenderlo mucho, fueron tú y él quienes me enseñaron a usar este aparato. Así fue como nos empezamos a mandar correos que decían mucho y no decían nada, con PDFs de tesis que a él le gustaban y opciones que yo veía en Google para los aguinaldos de diciembre. Todo fue muy natural, nunca nos dimos cuenta cómo terminamos con 826 correos, entre PDFs, artículos de punto de cruz y pensamientos filosóficos.

Cuando me contaste que habían terminado no me dolió, ni me sorprendió. Fue una semana después, el sábado, que te vi entrar sola, cuando entendí que había sido un error y lo importante que se había convertido él para la familia. Las niñas te preguntaron que dónde estaba, los tíos te preguntaron que si te había gritado, las tías te preguntaron que si el sexo era malo y yo te pregunté que si te había dejado el libro que me tenía. Todos nos reímos sin ganas, extrañándolo, sin saber muy bien por qué no había pasado como con el resto de novios que le habían servido roncitos a las tías; se van y no se extrañan.

Yo le mandé un correo preguntándole por el libro, y él me dijo que si podía pasar a dejármelo el miércoles, antes de que me fuera para misa. Le dije que sí que claro y le adjunté unos bolsos con unas flores bordadas, preguntándole que si creía que a Magdalena le podría gustar. Llegó el miércoles a las once con el libro que me tenía y otro viejo. ‘Me lo encontré por ahí’, dijo ‘y pensé en usted porque mire la dedicatoria’. Era un libro leído, tercera edición de mil novecientos cuarenta y cinco, y la dedicatoria no era la del autor, como yo pensé, sino a mano, escrita con un un lapicero azul y con una sola mayúscula: ‘para la abuela Susana’

Ciertamente el libro nunca había sido para mi, como el había pensado al principio suponiendo que había salvado uno de mis libros del olvido, ‘pero ahora si lo es, porque vea que yo se lo traje y usted es abuela y Susana’ Le agradecí con una sonrisa y un tinto, que él se ofreció a hacer porque sabe que mi café tampoco es rico. Conversamos hasta faltando un cuarto para la una, cuando salimos para Iglesia caminando. Me dejó y siguió, despidiéndose de pico y sonriéndome con nostalgia.

Nos seguimos escribiendo como si nada raro hubiera pasado y el tinto de los miércoles y después caminar hasta la Iglesia se volvió costumbre. Cuando me quebré el pie, que necesité ayuda para caminar, nadie me dijo nada de acompañarme a misa y yo nunca lo necesité porque él iba por mi todos los miércoles a las once. Hubo un semestre en el que él no tenía clase los miércoles y entonces yo lo veía llegar enguayabado y oliendo a calle, siempre a las once en punto. Cuando me dejaba en la iglesia se quedaba fumándose un porrito en nombre de dios creyendo que yo no lo veía. Y el tampoco me veía a mí fumarme mis Marlboros sin filto, y así fue como se tejió lo que hay tejido entre nosotros. Cuando se ponía la misma camiseta varias semanas seguidas yo me daba cuenta que no tenía plata y le compraba porros al de la leche, que siempre fumaba marihuana, y se los regalaba a él, pa que por lo menos estuviera tranquilo. La primera vez que se los di no sabía si reírse o pedirme disculpas y yo solté la carcajada, diciéndole que se los fumara en nombre de dios.

Nunca paramos de escribirnos, Mariela, y tres años después de que ustedes terminaran, empezamos a hablar de ti.

Sus palabras siempre fueron hermosas y sin faltas de ortografía. Veía el mundo por tus ojos, aún cuando dejaron de verse y empezaron a moverse en otras gentes. Él te buscó en todas las mujeres con las que estuvo y nunca te encontró. Escribía con nostalgia, como si estuviera hablando de un amor de ochenta años perdido en el óceano. Quería buscarte, Mariela, pero tú no te dejabas encontrar y así fue como se resignó a amarte ausente y se hundió en el humo de las calles del centro y los árboles de la Universidad. Hablaba de tu olor y de cómo cambiaba. Le gustaba cuando olías a menta después de bañarte, a Doritos después de clase y a él después de hacer el amor. Y me dijo que nunca encontró una mujer que quedara oliendo a él después del sexo y yo le dije que ahí estaba entonces, la diferencia entre tener sexo y hacer el amor.

Cuando llegaste el viernes por la mañanallorando, sabía lo que había pasado, lo vi a él en tus lágrimas. Lloraste abrazándome como media hora, te hice uno de esos tés que trajo tu prima Cristina de Inglaterra, que dizque para los nervios, pero no sé muy bien si es que no me quedó como era o el té es realmente así de maluco. El caso es que no te calmaste y yo me limité a mandarle un correo para que viniera.

Llegó con tres cervezas, borracho, preguntando por los limones, la sal y la guitarra. Yo me reí le ayudé a hacer las micheladas. Nos sentamos en la sala a conversar, los tres, como el primer sábado y nos reímos mucho. Él tocó las canciones que los enamoraron hasta que por borracho no le dio pa más. Tú fuiste la de la idea la música y a mí se me ocurrió ir por mas cervezas para dejarlos solos. Llamé a tu papá y le dije que me invitara a almorzar al Club, después de pedirles un domicilio de cervezas y limón. Me fui con una sonrisa pícara, como cuando se es cómplice del amor.

Al llegar y verte desnuda en la cocina me atacaron los recuerdos y me dio un ataque de risa. Me senté en el piso a llorar y reírme y lo vi a él volver del baño, con una cerveza en la mano. Me ayudó a pararme, me ofreció la cerveza, sin michelar porque se les acabaron los limones, y nos sentamos en el comedor a mirarnos y conversar, siempre conversar. Él toco más canciones y nos dormimos los tres en la sala.

Y el sábado cuando llegaron todos, nadie hizo preguntas al verlo sentado en el rincón de siempre, jugando con las niñas y peleando con tu papá por política. Sirvió los roncitos de siempre, dijo lo mismo de siempre, lavó los cubiertos como siempre, y me sonrió, como siempre. Nadie se preguntó en dónde había estado estos tres años porque fue como si nunca se hubiera ido. Cuando se fueron encontré  un libro en la mesa del teléfono. ‘Para la abuela Susana’, decía, en una letra minúscula y con un lapicero negro de tinta mojada. Era de él para mi, segunda edición de mil novecientos cincuenta y cuatro.

Te escribo este correo, Mariela, para que nos escribamos los tres de ahora en adelante y ojala no dejemos de hacerlo nunca.

Con amor, la abuela Susana.

 

PD: Les adjunto una foto de unos bolsos con unos girasoles bordados, ¿creen que a la tía Ligia le guste?

 

¿Y yo qué te puedo decir?

Yo también la veo a ella, todas las mañanas despertándose a las cinco, mientras delira buscando su celular para ver si fuiste tú quién la despertó. La veo sonreír cuando eres tú y la veo acurrucarse cuando no.

Yo la veo buscándote en lugares en donde no puede encontrarte.

La veo queriendo que navegues con ella, buscando cómo ser tus siete mares. Buscando cómo hacerte entender que tus manos son las islas de su cuerpo. La veo encontrar las coordenadas de tu piel en las perlas de un collar y los corazones gastados de una pulsera de plástico.

La veo llorar cuando cuenta los días para volver, y la veo respirar, aguantando unas lágrimas, mientras ve el reflejo de sus ojos en el agua del té y recuerda cuando encontraste el amor en tu reflejo en esos mismos ojos.

Busca tus manos en la noche mientras lee a Pizarnik en un blog empolvado, y te busca en lugares en donde no te va a encontrar.

Respira cuando sabe de tus otras mujeres y recoge los restos de este amor por la mañana con mucho cuidado, limpiándolo antes de salir, porque no quiere renunciar a tus manos infinitas.

Le digo que no luche más por ti, que tú quieres dejarla ir como el humo de los cigarrillos que se fuman juntos por Skype, pero a ella tampoco le gusta que le hable de ti, y me invita a dormir con ella solamente cuando le prometo una noche serena y sin sueños, en la que planeamos juntas los lugares que te vamos a mostrar cuando pase este aguacero de gotas gruesas que queman la piel.

La veo buscarte en sueños porque eres un fantasma y le digo que deje de delirar amandote. Se llena de furia para sacarme de sus sombras, y recitándome a Pizarnik se encuentra, logrando que su amor no tambalee.

Yo la veo parando en la bicicleta para cambiar la canción de Fito, no porque le acuerde a ti -porque todo lo hace- sino porque te siente cantándole en el cuello y recuerda tus manos en su cintura y el sabor a marihuana de tus besos de ese día, entonces no es capaz de pedalear más porque se le seca la garganta, el corazón le empieza a latir muy rápido y le da ganas de vomitar.

No hay nada que yo pueda decirte, ella es el escudo que él se construye, y juntos, cada uno a su manera, protegen su amor sin saberlo.

Yo también pienso en ti todas las noches, porque todas las noches la veo.

M.